Hola mi nombre es Laura y junto con mi hija Victoria llegamos a Polonia desde Argentina en el 2021. Ella tenía en ese entonces 10 años. Siempre fue muy inteligente (aprendió a leer sola a los 4 años). En nuestro país ella siempre fue una excelente alumna. Durante 10 años yo fui mamá soltera, vivíamos con mi madre y un día ella enfermó y falleció, todo en la misma semana. Fue shockeante y triste pero sobre todo para mi hija Vicky fue un golpe durísimo pues pasaba gran parte del día bajo su crianza. Al poco tiempo yo conocí a quien es hoy mi marido, un polaco que habla excelente el español. Decidimos venir a vivir a Polonia y obviamente mi hija y mi perrita vendrían conmigo. Para Victoria al principio era una aventura, pero al llegar la realidad fue muy dura.
Mi esposo la inscribió en la escuela que por cercanía le correspondía. En Piastów. La directora decidió que la bajaría un año para así nivelarse y aprender el idioma. Ese año escolar (que en realidad ya había comenzado) no le pondrían notas. Pero sí le exigían que supiera el idioma al terminarlo. Sino no podrían pasarla de año.
El primer mes tenía clases online, pues aún seguían restricciones por el covid. Y luego la primer clase presencial fue tan impactante como subreal. Pues fue en la piscina. Los días lunes en la primer hora, en un club que estaba a metros de la escuela, tenían clases de natación, para todos era normal, pero para ella que además no sabía nadar fue muy impactante, y así fue, literal, tirarse al agua. Al principio no entendía nada. Pero tuvo en su camino quien yo llamo “su ángel” pues Edyta era su maestra y había vivido varios años en España, entonces conocía muy bien el idioma español. Ella le enseñaba dos días a la semana el idioma (y el gobierno le pagaba las horas extras) en ese momento, diciembre 2021, aún era extraño un extranjero en las escuelas , luego con la guerra de Ucrania se volvería más habitual. Yo asistía a reuniones con la directora, mi esposo ofrecía de traductor, no hubo reunión donde yo no saliera llorando. Porque ella en los primeros meses no hablaba, con sus compañeros sólo en inglés, pero yo sabía que ella entendía el idioma cada día más, sin embargo hay algo en su personalidad que hacia que ella no hable hasta no estar segura de decir las cosas correctamente. Mientras tanto yo desesperada pues la directora me dijo un día “Tengo miedo que por su negación a hablar , del trauma, genere mudismo”, bueno una exageración que finalmente nunca sucedió, pero los escenarios siempre eran muy negativos desde su punto de vista. Yo confiaba en mi hija, en su capacidad, pero a la vez me sentía muy culpable, por haberla sacado de su país, su entorno y además de la posibilidad de que tuviera una escolaridad sin problemas. Sentía que le había arruinado su posibilidad de brillar en sus notas. La culpa es algo muy presente en la maternidad pero en éste caso en específico era muy difícil encontrar un consuelo factible.
Un día fui a un acto escolar en la escuela, yo veía cómo ella hablaba con sus compañeros como siendo una más. Los llamados de la directora cesaron, y le pregunté a la maestra si la veía con posibilidades de pasar de año y me guiñó el ojo, me dijo que me quede tranquila. Creo que fue entonces cuando al fin respiré. Ella pasó de año, al momento de entregar los diplomas la maestra dijo unas palabras muy alagadoras para con Victoria pues sabía en primera persona del esfuerzo que le costó.
Durante las vacaciones de ese verano siguió yendo a clases presenciales en Varsovia. Se tomaba el tren y dos veces por semana, seguía estudiando.
Al volver a clases ya estaría siendo calificada. Creo que los niños que saben que tienen el desafío por delante ponen aún más ganas para poder nivelarse, a punto tal que a veces hasta destacan, pues Vicky ganaba concursos de ortografía (polaca obviamente) en su clase. Yo me sentía muy feliz con esos reflejos y lo más hermoso fue cuando le pusieron la banda roja en su diploma, pues había superado el promedio 5. En verdad pensé que era algo común, hasta que cuando entregaban los diplomas de 20 niños sólo 7 lo tenían. El orgullo me brotaba del pecho. Pero no significa dormirse en los laureles pues a veces los niños calculan demasiado los tiempos y hay una especie de meseta. La verdad es que nunca tuve que ajustarle un resultado, ni presionarla, ella sola siempre buscó la excelencia o estar al menos cerca. Desde mi lugar apoyarla, confiar y tratar de ayudar en pequeñas cosas fue mi trabajo. Fue también importantísimo que ella hiciera amigas, sus amistades crecieron con firmeza y hasta fue elegida delegada del curso 2 años seguidos.
Ya en 7° llegó el día en que su maestra le dijo que muy probablemente sería candidata a llevar la banda polaca, junto a la bandera. En mi país, Argentina, eso es algo muy importante, un gran premio, un gran orgullo y aunque Victoria no es polaca yo me puse también muy feliz de que lleve ésta insignia. Me acordé de la culpa que sentí cuando la saqué de la escuela en Argentina para venir a éste país, y entonces la reflexión que hice es que cuando algo es para uno, aunque te vayas, va a ser para vos. Con otros colores, a miles de km, pero será. Y así con todo, es el destino que está marcado, pero que también lo vas labrando con el esfuerzo, esfuerzo que es único y propio de ella.
Verla junto a la bandera polaca ha sido de las alegrías más grandes que he recibido, no por adular de ella, pero tal vez egoístamente por sentir que no le quité tanto o que a ella volvió lo que le correspondía.
A quienes están pasando por alguna situación similar, con sus hijos en el extranjero, yo por supuesto no soy nadie para aconsejar, pero tal vez les ayude saber que las posibilidades de que las cosas vayan bien están también presentes, que hay enfocarse en lo positivo y aunque parezca trillada la frase pero es así. Las adversidades vienen solas, no hace falta que las llamenos con el pensamiento, lo bueno que nos va a suceder es a lo que más debemos aferrarnos para quienes creen tal vez se llame fe en Dios.
Desde ya muchas gracias por leer nuestra experiencia.
