El presagio de Pan Naukowiec

Hace poco más de trece años, era una diletante asidua de la escritura ajena. Leía todo lo que veía, reimaginaba los textos y los recitaba en mi cabeza como lemas de inspiración. Poco a poco, comencé a componer mis propios poemas y microcuentos, y los publiqué con la misma emoción de alguien que intercambia dulces en el recreo. Entre todos esos cuentos y giros literarios, mi imaginación me contaba que algún día pisaría estas tierras, pero no para quedarme a vivir en ellas; de hecho, lo dudaba. Tenía claro que seguiría mi camino como escritora. Sin embargo, venir a Polonia era un sueño demasiado estrafalario en aquel entonces. Es curioso recordar que, durante mis estudios de medicina, leía un blog en español llamado Pan Naukowiec (Señor Científico; en polaco), que contenía relatos sobre un inmigrante polaco viviendo en Caracas, Venezuela. Fue entonces cuando supe, por primera vez, dónde exactamente quedaba Polonia. Me parece increíble que, una década después, sea yo quien esté viviendo el sueño que tenía aquel inmigrante polaco de regresar algún día a su tierra natal. Hoy en día, mi vida se siente, a veces, como la novela dramática pero romántica que siempre quise escribir. Me gustan todos los paisajes de mi vida, incluso los grises. El polaco es un idioma difícil, casi imposible de pronunciar a primera vista. Con los años, sigue siendo complicado sentir que uno está inmerso completamente en él. Aun así, me enorgullece decir que entiendo un poco más del 50% de lo que oigo la mayor parte del tiempo y que ya no me duele la cabeza después de escuchar un podcast en polaco. Los polacos pueden parecer introvertidos y tímidos en comparación con la calidez y expresividad que tenemos en Latinoamérica. Mantienen sus conexiones con definiciones precisas; tienen claro quiénes son sus amigos, colegas, conocidos y compañeros de trabajo, así que no le llaman;amigo; a cualquier persona que conocen por algún tiempo. En palabras de una querida amiga polaca, las amistades polacas son como un coco: muy duras por fuera, pero una vez que las conoces, por dentro son suaves, líquidas, transparentes y permiten establecer conexiones muy enriquecedoras.

En Polonia he encontrado relaciones sanas y constructivas, no tan superficiales, y he tenido el gusto de participar en pláticas profundas con polacos, ya que son grandes pensadores y conversadores. Aunque todavía me cuesta mantener el ritmo durante las reuniones y mi batería social se agota, hacer una pausa y dejar de interactuar ayuda a descansar mi mente. Además, tengo un as bajo la manga gracias a mi lado latino: les enseño algunos pasos de baile y, aunque no los domino del todo, nos divertimos. Recientemente cumplí dos años viviendo en Polonia y puedo decir con certeza que he encontrado un nuevo hogar. Disfruto de los placeres de la buena compañía tanto como de la paz del silencio, y Polonia es un país perfecto para ello. Por fin puedo escribir sobre la realidad con tranquilidad; siento que aquí encajo. No oigo todo lo que hacen los vecinos, pues los pisos tienen muy buen aislamiento acústico. Tampoco oigo pasar el tranvía, aunque la línea pasa frente a mi edificio. Rara vez veo a la gente gritando y, en el transporte público, es muy raro que alguien hable en voz alta. Aquí puedes escuchar con claridad tus propios pensamientos y, si pones atención, puedes encontrar la voz de tu alma. La vida me ha regalado la fortuna de vivir en Polonia, como si me hubiera prescrito la receta que necesitaba para cocinar esos textos que por años han vivido en mi cabeza. Me apasiona escribir, es como volar. De hecho, en los últimos diez años, una de mis actividades favoritas ha sido; escribir-viajar; es decir, escribir mientras viajo, ya sea de camino a mi destino o de regreso a casa. Me siento increíblemente afortunada por ello, ya que uno de mis sueños recurrentes de niña era viajar en tren, ferry o avión e imaginar cómo se sentía moverse a gran velocidad por tierra, mar y aire, cruzando el mundo y escribiendo sobre él. Y hoy puedo decir que conozco esa sensación. En ese punto, debo admitir que me sientí un poco frívola al redactarlo, pero para una niña que creció en un entorno bastante alejado de la realidad que hoy vivo, escribir que logré algunos de mis sueños es un párrafo muy importante. Finalmente dejé de inventar historias en la hamaca de mi patio trasero y comencé a vivirlas. Y tú, ¿qué regalo te ha dado Polonia? ¿Has aprendido a escucharte? ¿Cuáles eran los sueños que tenías de niña? ¿Imaginaste algún día vivir aquí? Cuéntame.

Con Cariño, Diana

6 comentarios en “El presagio de Pan Naukowiec”

  1. Es un escrito interesante, refleja el proceso de adaptación de quien emigra y encuentra nuevas formas de sentirse parte de un entorno distinto. Transmite algo más profundo, como si fuera el inicio de una historia más extensa por contar.

  2. Luis Miguel Gazcón Álvarez

    Me gustó mucho. Te felicito hija por expresar tus sentimientos y pensamientos. Por compartir tus reflexiones y sueños. Por lograr esas metas que estaban en proceso y que ves como van solidificándose. Me alegra mucho que estés en paz y con ello puedas dar rienda suelta a tu gran imaginación que se desborda cual cascada para crear poemas en prosa como este en ese inmenso paisaje natural y cultural que esta a tu alrededor. Sigue siendo esa niña inquieta y soñadora que hace feliz a ti misma otros con quienes compartes tus escritos. Vuela paloma blanca, vuela. Conoce el mundo y disfrútalo. Imprime la huella de tus pasos en tu caminar. Haz que vivamos contigo esas ganas de volar y de recorrer el mundo, de lograr metas, de cantar y soñar, de vivir feliz y sentirse realizado somo ser humano.

  3. Elisa Aguilar Funes

    Qué hermoso, amiga, un resquicio de luz y paz en el mar de escrituras difíciles de internet. Muchas gracias por escribir, no dejes de hacerlo, te abrazo.

  4. Gracias por compartir ❤️ en el camino se encuentran retos pero también muchos regalos. Se aprende a ver lo extraordinario en lo cotidiano.

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