Nunca imaginé que Polonia sería un lugar que me robaría el corazón, en específico la ciudad
de Wrocław. Su arquitectura con los detalles y colores se siente que lleva impregnada diversas épocas
de su historia. Sea el día, sea en la noche, al caminar sus calles me siento en un cuento. El clima, aunque
ha sido uno al que cuesta acostumbrarse, me ayudó a buscar maneras de disfrutar los días fríos. Sea
quedándome en casa tomando café al lado de la ventana o dar una vuelta a la cuadra y sentir ese
frio – aunque si llego a rogar que regrese el sol.
No he vivido mucho tiempo aquí, estoy de pasadita por parte y gracias a mis estudios. Pero
aun así con este corto tiempo, he vivido mucho y cosas tan simples me han dado felicidad.
Aunque no sean especialidades polacas muy tradicionales, en los días fríos de vez en cuando
me gusta comer una sopa llamada «gulasz» en el mercado Hala Targowa. El «chałka» un pan medio
dulce en forma de trenza, que es lo que como para la merienda, y como me encanta el jugo de manzana,
el juguito “tarczyn” en su linda botellita de vidrio es mi favorito.
Aprender idiomas es una de mis pasiones y estoy muy agradecida de tener la oportunidad de
aprender polaco. Aunque es difícil, ha sido un buen reto y una experiencia increíble. La primera vez
que estuve aquí por 5 meses solo aprendí “dzień dobry” (hola) y “do widzenia” (adiós) que muchas
veces los confundí el uno con el otro. Pero esta vez, me alegro al poder identificar algunas palabras
cuando oigo el tranvía anunciando las paradas, cuando las personas pasan a mi lado o cuando tengo
que pagar con moneditas.
También, una de las experiencias únicas y bonitas en este viaje, ha sido encontrar a la
comunidad de Latinas en Polonia. A mí me gusta mucho salir, conocer, y hacer amistades, pero en estos
2 años de estudio me ha costado, ya que cada 5 meses me he mudado y llego a sentirme sola y con
ganas de platicar con alguien – no solo con amigos y familia en FaceTime. Sin embargo, con solo uno o
dos convivios de Latinas en Polonia en los que participé, me sentí tan acogida más que en otro lugar al
que he viajado durante este tiempo.
Como mis estudios se centran en la migración, percibí que este tipo de convivialidad y soporte
es algo que todas las mujeres migrantes deberían tener. En este contexto también observé la diferencia
de lo que es vivir por largo y corto plazo en Polonia. Desde mi punto de vista, uno siempre debe
romantizar su vida y hacer de sus sueños una realidad, pero al mismo tiempo ser consciente de que la
vida puede ser diferente una vez establecido y que puede seguir distintas direcciones. Aun así, nadie
sabe lo que pasará o estar preparada al 100%.
Migrar es un reto, sea elegido o no, sola o acompañada, pero a la vez pienso que es un acto
de valentía, perseverancia y confianza. Es intentar, creer y seguir algo que está ahí o que pronto
llegará, y con una comunidad como esta el camino se puede aligerar.
Las mujeres migrantes no son sólo mujeres que tienen que superar obstáculos en los procesos
migratorios o que se definen por su situación. En mi convivialidad con Latinas en Polonia, he visto que, al
proporcionar una plataforma a las chicas han demostrado que las mujeres migrantes pueden seguir
siendo ellas mismas y mostrar la fortaleza que ellas tienen. Pueden expresarse y desahogarse, aprender
y compartir, hacer amistades y salir juntas, y este soporte las anima a seguir sus sueños y su camino sin
dejar que los obstáculos les impidan de hacerlo.
Estoy agradecida de ser parte de esta comunidad y espero que esta iniciativa siga creciendo,
no solo en Polonia, pero también en otras partes del mundo donde las mujeres migrantes necesiten este
apoyo.
Con Cariño,
Stéphie
